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domingo, 14 de noviembre de 2010

Una canción para viajeros: "El camí", de Joan Colomo.

Hace unos días, una amiga mía experta en cuestiones artísticas, teatrales, etc... y que por eso -digo yo- será que tiene algo de buen gusto para la música, colgó una canción guay en su muro del facebook, que os pongo aquí porque tiene una parte en la que se describen esos deseos de conocer que nos mueven a viajar por todo el mundo. ¡Que la disfrutéis!



Veig el mar,
sento els estels,
hi ha un arbre riu,
mentre mou les arrels.
Ja s'ha amagat el sol
la lluna està creixent,
sento el cant d'un mussol,
o potser és l'oreig del vent,

però jo vull córrer món,
jo vull anar amb el vent,
vull conèixer altres terres,
vull conèixer gent!
Gent com tu i com jo
Gent sense raó
camina si estàs amb mi i vols venir... 
Anem!

Hi ha gent que mira el sol,
hi ha qui es mira el melic,
hi ha gent que no en té prou,
gent que ven el seu esperit

però jo vull córrer món,
jo vull anar amb el vent,
vull conèixer altres terres,
vull conèixer gent!
Gent com tu i com jo
Gent sense raó
camina si estàs amb mi i vols venir... 
Anem!
Veo el mar,
siento las estrellas,
hay un árbol río,
mientras mueve las raíces.
Ya se ha escondido el sol
la luna está creciendo,
siento el canto de un mochuelo,
o quizás es la brisa del viento,

pero yo quiero correr mundo,

yo quiero ir con el viento,
quiero conocer otras tierras,
quiero conocer gente!
Gente como tú y como yo
Gente sin razón
anda si estás conmigo y quieres venir ...
Vamos!


Hay gente que mira el sol,
hay quien se mira el ombligo,
hay gente que no le basta,
gente que vende su espíritu

pero yo quiero correr mundo,
yo quiero ir con el viento,
quiero conocer otras tierras,
quiero conocer gente!
Gente como tú y como yo
Gente sin razón
anda si estás conmigo y quieres venir ...
Vamos!

domingo, 7 de noviembre de 2010

"Dónde huir en secreto"

Leí hace tiempo un artículo de Javier Cercas en El País Semanal, sobre un tema que siempre me ha preocupado, y es el efecto demoledor de los turistas del: "hacerse la foto para decir yo he estado ahí".

Está claro que todos tenemos el derecho a viajar, a visitar cualquier parte del mundo, yo diría que mas que derecho, es casi una obligación. Pero claro, una cosa es viajar para visitar un lugar, dónde respirando su ambiente, probando su gastronomía, paseando por sus calles, etc... uno conoce una cultura, como viven sus gentes, o la forma que tienen de entender la vida. Y otra cosa es viajar para poder decir "yo he estado ahí".

Como está de moda contar en la peluquería, en el trabajo, o en una reunión familiar cosas como: "el próximo puente me voy a Nueva York", pues ale, todo el mundo a los aeropuertos y a pasearse por el mundo, aunque al final acaben haciendo shopping en un Zara o comiendo en un Burguer King, como harían en su ciudad un fin de semana cualquiera, tratando aquél lugar que visitan como si se tratara de un parque temático.

Multitud de gente en Venecia, Italia.

Bueno, pero como lo describe mejor Javier Cercas que yo, aquí os dejo el enlace para que lo leáis íntegramente, y unos extractos que me gustaron especialmente:

[... ...] En aquella época me llamaba la atención que Venecia parecía ser la única ciudad del mundo en la que los visitantes no se comportaban como solían hacerlo en las demás que yo conocía, a saber, más o menos con el mismo respeto que uno observa cuando está de visita en casa ajena. En la propia uno pone los pies donde le place, desordena cuanto quiere, se tumba en el sofá o en el suelo –tengo mucha querencia por el suelo–, maneja el tocadiscos y la televisión a su antojo. Cosas todas más o menos normales que sin embargo jamás haría en casa de otro. 


No hace falta añadir que casi todas estas greyes no desean ver nada, están sólo preocupadas de hacerse fotos estúpidas con sus estúpidos móviles para luego poder decir la más estúpida frase de nuestros tiempos: “Yo estuve allí”. [... ...] “¿Y? ¿Y qué, que usted estuviera allí? Eso no tiene ninguna importancia ni a usted se la agrega en absoluto. Estar hoy en cualquier parte está al alcance del más cenutrio. Viajar a los lugares ‘imprescindibles’ no distingue, sino que vulgariza”.


... ocurre algo parecido en casi todas partes. Nadie se comporta ya como “visita” en Londres ni en París, en Budapest ni en Edimburgo, en Salamanca, Toledo, Sevilla o Granada. Todas son meros escenarios, decorados para el disfrute de los forasteros, a los que importa una higa el padecimiento de los habitantes. 

Puente de Carlos, en Praga, inundado de turistas.

sábado, 23 de octubre de 2010

Aterrizando en BARCELONA...

Voy a vivir durante un tiempo en Barcelona, así que contaré algunas de esas primeras impresiones que uno tiene cuando llega a instalarse a algún sitio, y que después la rutina se encarga de que pasen al cajón del olvido. Y es una pena, porque esas primeras impresiones... ¡son las que cuentan!, como dice la sabiduría popular.


1. ¡ESTO ES INMENSO!
Una de mis primeras impresiones, es que la ciudad es infinitamente grande. Son ése tipo de ciudades (Madrid, París, London...) en las que para ir a ver a un amigo a su barrio, para ir a trabajar, para ir al "centro", etc... puedes pasarte una hora en transporte público tranquilamente. La mayoría de los edificios son grandes, las manzanas son grandes... todo es grande.

Hace tiempo que no vivía en una ciudad así, y la verdad es que, tendrá lo bueno y lo malo, eso está claro, pero es muy diferente de ciudades de un tamaño "más controlado" como pueden ser Valencia o Manchester.



2. A PESAR DE TODO, UNO SE ACLARA BASTANTE BIEN...
Pues eso, que a pesar de la inmensidad de la ciudad ésta, uno se aclara bastante bien por la tipología urbana de la ciudad (aquí me meto ya en mi campo -el urbanismo-). Lo cierto es que las morfologías urbanas cuadriculadas, tienen su máximo exponente justo en el Eixample de Barcelona (diseñado por el ilustre Ingeniero de Caminos, D. Ildefons Cerdá). Y ahora que ya he metido la cuña publicitaria de mi gremio, seguiré... Además, todo ése centro urbano que define el "Eixample" se rodea de barrios de diferentes estilos, en los que desaparece un poco la sensación de gran ciudad.



3. NO SÉ QUE HARÍA SIN MI IPHONE.
Ya que hoy va de meter cuñas publicitarias, pues ahí va otra... Gracias a aplicación de mapas del iphone, que te posiciona con GPS en el mapa, te busca el sitio dónde quieres ir y te indica la ruta más corta a pie, he encontrado sitios imposibles, en mi travesía particular de búsqueda de casa. Y gracias también a la aplicación de TMB (Transports Metropolitans de Barcelona), a la que le dices origen y destino, nº máximo de transbordos deseados, tiempo máximo de recorrido a pie, etc... y te devuelve la mejor ruta en transporte público.



4. NO HAY MUCHOS KEBABS, PERO VEO MUCHOS SITIOS DONDE HACEN FRANKFURTS...
Haciendo honor a mi grupo de amigos -que se caracteriza por una cierta afición a la gastronomía-, de momento no puedo decir mucho (me he dedicado a buscar casa, que ya es bastante), pero adelanto la curiosidad ésta... No se todavía el porqué, aunque me enteraré y os lo contaré, aquí en Barcelona hay un montón de sitios, casi en cualquier bar de barrio, en el que ofertan ¡frankfurt!. Igual que hay "chivitos" en todos los bares de Valencia, vaya.



5. "ASQUEROSO" CIVISMO....
En tono irónico, claro. Aquí las calles están mucho mas limpias, todo el mundo con perro recoge sus cacas, hay pocas pintadas en las paredes o en el metro.... se nota que aquí hay un respeto por lo común y por los otros, mayor que en muchos otros sitios dónde he estado (en España y fuera). De hecho, aquí la palabra "civismo" todo el mundo la conoce, sabe lo que es, y sale a menudo en los medios de comunicación. Y eso ya dice mucho.



6. HABLARÉ DEL CATALÁN, VENGA...
A unos no les gustará lo que voy a comentar, porque les desarmo todo ése argumentario anticatalanista con el que tanto disfrutan, y a otros tampoco les gustará porque no quieren ni oír hablar de que se pierde "pureza" en su tierra.
Pero la realidad es aplastante: aquí se habla castellano con total normalidad. En los comercios, con el conductor del autobús, en la universidad, y hasta con la Guàrdia Urbana (la policía local de aquí).





Y ya os seguiré contando, que tengo que continuar visitando pisos a ver si me instalo ya de una vez!

lunes, 4 de octubre de 2010

Un franco, 14 pesetas.

Gracias a los acuerdos europeos que han supuesto logros como la libre circulación de trabajadores dentro de la Unión Europea, miles de jóvenes universitarios o recién licenciados españoles, están aprovechando la coyuntura de difícil situación económica, para salir hacia otros países en busca de oportunidades profesionales o formativas.

Esos acuerdos que facilitan el movimiento de personas entre países europeos, a parte de servir para amortiguar los efectos de las crisis (como está siendo el caso), tiene enormes ventajas para los jóvenes, que amplian horizontes, mejoran idiomas, aumentan su capacidad resolutiva de problemas relacionados con sus distintas profesiones, etc...

A los profesionales españoles, hasta ahora, nos señalaban justamente como debilidad esa baja "movilidad geográfica", con respecto a profesionales del resto del mundo que desarrollan parte de sus carreras profesionales fuera de sus países de origen, sin que ello sea un trauma.

A nosotros nos ha tenido que empujar una crisis para hacernos el ánimo a salir. Yo no veo nada malo en ello, ni "generación perdida", ni nada por el estilo. En unos años, el país tendrá a profesionales mejor formados y cualificados, con experiencia internacional, y eso será una garantía de éxito en el futuro.

Me parece bien que tenga repercusión este fenómeno, aunque me cansa ya un poco el tinte dramático que se empeñan en darle los periodistas. El último de los que me he encontrado por la red, es un artículo publicado en El País -rotativo que, por cierto, se está despachando a gusto con el tema- que se titula Las ilusiones perdidas. En este poético artículo, se describe la "penosa" emigración de jóvenes andaluces en busca de un futuro que su país no les puede proporcionar, etcétera, etcétera. El artículo en cuestión, termina diciendo: "No son, como dicen, una generación perdida para ellos mismos. No son los socorridosni-nis que sirven para culpar a la juventud de su falta de empleo. Son una generación perdida para nuestro país y para nuestro futuro. Un tremendo error que pagaremos muy caro en forma de atraso, de empobrecimiento intelectual y técnico. Aunque todavía no lo sepamos."

Esta gente se cree que los jóvenes de ahora repiten las migraciones españolas de otros tiempos.  Aquí dejo un tráiler de la película "Un franco, 14 pesetas", que resume bien lo que fue la emigración en aquella época para los españoles.



Lo que sucede en España en el año 2010 es bien distinto de lo que sucedía en la España franquista que se muestra en esta película. Aquí existe una situación coyuntural de crisis, es cierto, pero ni estamos menos "avanzados" que el resto de los países europeos (al contrario, somos de los mejores, pese a la crisis), y muchos de estos jóvenes, en cuanto dominan los idiomas del país de destino, estan cualificados para ejercer profesiones de calidad (no son "mano de obra barata").

En fin, que no es para tanto.

martes, 28 de septiembre de 2010

¿Se han extinguido los mochileros? Yo creo que no...

Acabo de leer en un blog de la Comunidad de Viajeros de El País, una interesante reflexión que merece ser comentada.



En El Blog de Paco Nadal, este bloguero y viajero, reflexiona a cuenta de una noticia aparecida en The Guardian bajo el título "Gap years: Wasted youth?", sobre un fenómeno -por suerte poco extendido en nuestro país, al menos todavía- típico de los países anglosajones (a saber, Reino Unido y USA), según el cual jóvenes pre universitario viajan con la excusa de conocer mundo durante un año o así, antes de comenzar la Universidad.

El bloguero español, con buen criterio, compara a algunos de estos pseudomochileros del siglo XXI, con la cartera llena por sus papis y que se dedican básicamente a buscar playas, chiringuitos y mojitos, con los jóvenes mochileros de mediados del siglo XX que salían de sus países con mochila y cuatro duros a explorar mundo.

La verdad es que me he cruzado con algunos de estos, y si que dan esa impresión. Ya sea en playa o de ruta por Europa, allá van con su cartera llena, y digo llena porque duermen en modernos hostels de 20 euros por noche, viajan en trenes y autobuses de 10 ó 20 euros por trayecto, y no escatiman a la hora de comer, beber y ir de fiesta.

En el blog citado se hace el siguiente comentario: "Además, les importa un bledo la cultura local. Recuerdo una imagen patética en Vang Vieng (Laos), uno de estos pueblos clones para mochileros: la terraza de un restaurante atestada de jóvenes occidentales viendo en la televisión un serie de moda de la TV norteamericana." 


Qué queréis que os diga, yo no lo veo de forma tan dramática, lo que sucede es que con la bajada de precios de los vuelos, y el acceso a reservas a través de internet, etc... quienes antes se montaban sus fiestas de primavera en Florida o California, ahora pueden volar más lejos. En Europa, algo similar con los que vienen a Salou, Palma de Mallorca o San Antonio en Ibiza.

Después tenemos a los pijo-mochileros, pero creo que esos han existido siempre. Es simplemente gente con pasta que decide no gastar 100 euros en un hotel por noche, evitarse tours guiados y explorar por su cuenta los países, etc... no veo nada malo en ellos. Sobre la "occidentalización" de los youth hostels, pues si que es verdad que a veces parecen embajadas o refugios culturales, donde puedes ver series de TV, jugar a la PlayStation o beber San Miguel, o desayunar huevos fritos y bacon en la China Central, por ejemplo. Esos sitios, pueden estar bien como "parada técnica", y quien abusa de ellos, pues se pierde parte de las esencias de un viaje, pero es su problema. Eso de que haya quien viaja y le "importe un bledo la cultura local", pues puedo no compartirlo, pero es su forma de viajar... 



En resumen, yo no me preocuparía tanto por lo que hacen los demás cuando viajan. Cada uno que se lo tome a su manera, y todos tan contentos. Además, estos que se dedican a las 3 eses "Sun, Sand, Sangria" (y una cuarta ese añadiría yo también), normalmente no salen de los 1000 ó 2000 metros cuadrados de su resort o playa de chiringuitos de turno. ¡Os lo digo yo que he vivido en Ibiza!